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The Víboras presenta su segundo álbum «La Tormenta»


Las víboras no pueden regenerar una extremidad completa como los lagartos, pero sí pueden renovar su piel. La muda permite que se deshagan de cualquier signo de desgaste, mejorando su capacidad de camuflaje y protección. Esta cita de National Geographic bien podría resumir el espíritu de THE VÍBORAS. Tras el fulgor de su primer trabajo, «Viaje al Sol», la banda formada por Gaelle Luna (voz y bajo), Vega Molina (guitarra y voz), Cherra Muñoz (guitarra) y Mawi Pardo (batería) ha mudado la piel para entregarnos «La Tormenta», su esperado segundo álbum.

Si el debut sentó las bases de su sonido, los rayos de aquel sol dejaron cicatrices que, lejos de debilitarlas, curaron las heridas para dar paso a una nueva etapa. Porque en esta ocasión, la calma no precede a la tormenta: «La Tormenta» llega después, arrasando con lo viejo y dejando espacio para lo nuevo. El resultado es un disco de rock más rotundo, que abraza sus raíces en el alt-rock americano y el blues, y las proyecta hacia paisajes sonoros de carreteras infinitas, sol abrasador y polvo de desierto.

Grabado entre acústicas íntimas, steel guitars que dibujan horizontes y guitarras eléctricas que muerden con fuerza, «La Tormenta» es un viaje sensorial guiado por una voz que hipnotiza y un ritmo que despierta. Un trabajo que, como la muda de la serpiente, renueva la piel de la banda para ofrecer una identidad más fuerte, más auténtica y mejor camuflada entre la grandeza de sus influencias. La tormenta ha llegado, y tras ella, solo queda crecimiento.

Este disco nace de una idea: la mayor expresión creativa para las personas es la capacidad de crear algo nuevo en la adversidad, de sembrar la belleza en medio del caos. Cuanto más profunda es la herida, más espacio hay para la creación. Por eso la música es el lugar donde el presente nos encuentra, una experiencia que nos invita a ser. Un espacio compartido en la grieta que cada uno habita, un refugio frágil ante la inminencia de «La Tormenta». Estas canciones, que nacen de emociones espinosas, son el punto de encuentro donde el presente nos alcanza. Es música que no huye de la lluvia, sino que aprende a construir un hogar mientras el cielo se rompe. Un espacio frágil para recordarnos que, ante la inminencia de «La Tormenta», aún somos capaces de crecer.

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