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MontyBm deslumbra en «La Suerte»



La música de raíz iberoamericana encuentra en La suerte un asilo de alta costura, un espacio de resistencia sónica donde MontyBM despoja al bolero y a la cumbia de la nostalgia arqueológica para devolverles su condición de adicción contemporánea. Con una producción de orfebrería a cargo de Daniel Molina y el respaldo de la aristocracia instrumental granadina, este debut se despliega como un cancionero noctámbulo, sofisticado y de una finura melódica sobregogedora; un tratado sobre la épica de lo cotidiano que late entre el misticismo del jazz y la cadencia orgánica del baile pausado.

Hay discos que no se limitan a reproducir géneros, sino que los habitan con la naturalidad de quien redescubre una geografía sentimental olvidada. El músico granadino José Antonio Montiel Casares, parapetado tras el sugerente alias de MontyBM, ha entregado en su primer larga duración, La suerte, una de las obras más deslumbrantes y refinadas de la temporada dentro de la canción de autor con raíces iberoamericanas. Alejado de los clichés del revisionismo nostálgico, este artefacto sonoro editado en un primoroso vinilo de diez pulgadas se sumerge en las aguas del son cubano, la cumbia, el bolero y el mambo, tamizándolos a través de la lente alta de la canción ligera y el jazz. Es una propuesta que dialoga de tú a tú con la sofisticación contemporánea de creadores como Natalia Lafourcade o Daniel, me estás matando, apostando por una lírica preñada de percha literaria que eleva las cuitas del devenir social y los claroscuros del afecto a una categoría poética sublime.

Bajo la clarividente y camaleónica producción de Daniel Molina en los estudios Fuente Oculta, el álbum despliega un itinerario de nueve cortes dotados de una calidez instrumental que evoca la pureza del directo. La exquisitez del minutaje se sustenta en una alianza con la aristocracia musical granadina, donde el contrabajo de Alfonso Alcalá y las percusiones de Jesús Santiago y Zeke Olmo trenzan un tejido rítmico orgánico, casi táctil. Desde el lirismo crepuscular de «Morena» hasta el desgarrador desapego de «Se nos fue la fuerza», el disco transita por pasajes de una hondura sobrecogedora, alcanzando cotas de una belleza herida en el piano de Víctor Costela para «De amor ya no se vive» o en los arreglos de viento de Emilio Sanz. Mención insoslayable merece el calado de «El mundo no me hace bien», una pieza de desarmante vulnerabilidad que expande su universo conceptual en su reverso catalán, «El món ens ha fet bé», tras haber vertebrado el premiado cortometraje Angoixa en el Festival de Cine de Málaga.La suerte es, en definitiva, un tratado sobre la nobleza de la existencia y la volatilidad del destino, donde MontyBM asume la interpretación de voces, guitarras y sintetizadores para facturar canciones que invitan tanto a la introspección nocturna como al baile pausado. El rigor estético del proyecto se redondea con la labor fotográfica y de diseño de Daniel y Eloy Molina para Santas Prod, confiriendo al objeto físico una elegancia atemporal que ya se encuentra disponible en grandes superficies. Con este trabajo, el sur peninsular demuestra que la música de raíz puede ser tratada con una madurez compositiva excelsa, entregando un cancionero tan sofisticado en sus formas como honesto en su calado emocional, destinado a perdurar al margen de las urgencias y los dictados de las modas efímeras.

 

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